Rosana regresó al Auditorio Nacional tras siete años de ausencia para conmemorar sus 30 años de trayectoria con un espectáculo íntimo y cercano que ma
Rosana regresó al Auditorio Nacional tras siete años de ausencia para conmemorar sus 30 años de trayectoria con un espectáculo íntimo y cercano que mantuvo al público en vilo durante casi dos horas. La cantante española inició el concierto a oscuras, sola en el escenario, con un arreglo único de su éxito “Si tú no estás”, invitando a los asistentes a cerrar los ojos y sumergirse en una experiencia sensorial.
En un ambiente cargado de emoción, la intérprete de Lanzarote recordó sus primeros pasos en la música y expresó su gratitud hacia México, “una tierra que adoro desde que mi padre la alababa”. Tras este arranque, salió acompañada de sus músicos para interpretar temas como “Sin miedo”, para el cual animó a los espectadores a ensayar el coro y elevar el ánimo de una sala que, apuntó, lucía algo tímida al inicio.
La velada combinó anécdotas y bromas. Rosana reveló que su baterista, Joaquín, debió ausentarse por un malestar, bromeando sobre el “mal de Moctezuma”, y más adelante alentó a quienes llegaran tarde a pedir “otra” a través de un guiño colectivo. Consciente del ánimo general, la artista dedicó unas palabras al público: “He descubierto un México que canta bajo, falto de esperanza; confío en que pronto volveremos a sonreír juntos”.
En su tramo final, Rosana ofreció un bloque acústico con temas como “Con una hora menos”, “En la memoria de la piel” y “Descubriéndote”. El cierre oficial fue con “Si tú no estás”, aunque el público logró un segundo encore con “Pa ti no estoy”, “Con viento a favor” y “Mañana”. Al despedirse, la cantante recorrió la platea, accediendo a selfies y obsequios, y dejó claro que el vínculo con su audiencia permanece intacto, independientemente del tiempo transcurrido.


